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LibrosTecnología

La madre de todos los genios de la Red

25 Noviembre, 2014 — by José Antonio Redondo Martín0

Acabo de terminar la lectura del último libro de Walter Isaacson, un periodista, centrado como autor literario en el género biográfico, de quien ya reseñé en su día su libro Einstein: su vida y su universo (Ámbito Cultural), la biografía más completa del cientifico publicada hasta la fecha y posteriormente su Steve Jobs, una colosal biografía de un personaje absolutamente inusual, que dio origen a la empresa más valiosa del mundo, Apple, y que también impulsó hasta la estratosfera a la empresa de entretenimiento más genial del panorama cinematográfico reciente: Pixar, una aventura que le convertiría en el mayor accionista individual de Disney.

Los innovadores es el título de su último ensayo, un relato coral en un libro extenso en el que repasa la multitud de geeks, hackers y genios que condujeron creando distintas máquinas, programas, conceptos, protocolos de comunicación, dispositivos e interfaces a algo aparentemente tan sencillo de manejar como Google. También le he dedicado una reseña, esta vez en el blog de libros de El Corte Inglés en el que colaboro desde hace un par de años.

Cabría preguntarse en qué persona de los cientos, quizá miles de nombres que pasaron por su cabeza decidió colocar la primera antorcha, el primer acto que impulsó la carrera hacia la revolución digital. Para él fue una mujer: Ada Lovelace, una joven condesa londinense, nacida con el nombre de Augusta Ada Byron, la única hija legítima de Lord Byron que apenas pudo conocerle, pues el aristocrático y viajero poeta murió, siendo demasiado joven, siendo el poeta más reconocido de la Isla en centenares de años, en Grecia. Su madre la formó como matemática, tratándo de alejarla de las tendencias indomables de su padre. Ella supo ver en las posibilidades de las computadoras numéricas de la época posibilidades que iban mucho más allá de las matemáticas ¿por qué no utilizarlas para representar música? ¿o letras? ¿o palabras? Ada no sólo se hacía preguntas inteligentes y sorprendentes, también hizo las primeras subrutinas, el primer programa informático de la historia, que era capaz de generar los números de Bernouilli. Dichos números darían para escribir largo y tendido, pero si queréis saber más esta página de la Universidad de Princeton tiene bastante información para entretenerse por bastantes días.

Is thy face like thy mother’s, my fair child!
ADA! sole daughter of my house and heart?
When last I saw thy young blue eyes they smiled,
And then we parted, — not as now we part,
But with a hope. — (Lord Byron, Childe Harold’s Pilgrimage, canto tercero)

Pero Ada no sólo tenía la cabeza para las matemáticas sino que sabía escribir bastante bien y por lo que cuenta Isaacson y otras fuentes heredó la capacidad para el romance de su padre, el sexto barón de Byron. Lo cierto es que Ada y su contraparte a los mandos del “hardware”, Babbage, se adelantaron casi cien años a la época de las primeras computadoras, aunque ella superó con mucho a su mentor en cuanto a visión de futuro.

Ada Lovelace
Ada Lovelace, adaptación de su retrato a 16 colores, la máxima calidad con la que normalmente se lograba ver las imágenes de Internet sobre 1994.

Isaacson como escritor no deja de ser un periodista de raza, cada capítulo está documentado con decenas de fuentes, decenas de entrevistas propias y ajenas, información que se contrasta hasta el límite de lo posible ¿ARPANET se creó como defensa ante ataques nucleares? Unos dicen que no y los que daban los dólares para investigar esa red que dio origen a los protocolos TCP/IP dicen que sí, que por eso lo autorizaban. Para retratar a personajes como Bill Gates llega a entrevistar incluso a su padre. Tampoco están exentas las referencias a entrevistas y videos históricos que hoy día están en la red; uno de ellos es la conocida como “Madre de todas las demos”, que ejecutó Doug Engelbart para mostrar una gran aportación sin la cual sería imposible hacer click en un enlace: el ratón.

Un auténtico prodigio surgido el 9 de diciembre de 1968 bajo el título de “Un centro de investigación para aumentar el intelecto humano”. En ella Engelbart presentaba el NLS (oN-Line System), una auténtica virguería en la que introdujo un dispositivo desconocido que ahora nos es familiar: “el ratón”, y también hacía uso de cosas que ahora nos son conocidas, como el hipertexto, un peculiar editor llamado “Journal” que podría ser “la madre de todas las wikis”, … en aquella preentación se introdujeron al mundo al menos 24 novedades desconocidas hasta entonces, incluida la videoconferencia con pantalla compartida, protocolos RPC, hypermedia. El proyecto estaba financiado por DARPA, la NASA y la USAF.

Fue superado tras la llegada de ARPANET y el ocaso de los sistemas de tiempo compartido. La demostración fue un acontecimiento, visto por 1000 personas en vivo. Su vida en Internet ha sido mucho más impactante, con centenares de miles de visualizaciones en el video que aquí os dejo y otros tantos de diversos fragmentos. En aquel entonces yo acababa de cumplir un año, acababa de cumplir un año y probablemente las únicas teclas que yo conocía debían ser las de la Olivetti de mi padre y las del piano de nuestro vecino en Boulogne. El primer ratón que ví debió ser hacia 1982, cuando tenía 14 años, estaba en un Apple II del colegio (el “Loreto”). Engelbart quizá no os parezca tan arrollador como Steve Jobs. Creo que Jobs jamás introdujo veintitantas innovaciones de ese calado en una sola presentación, aunque supo encajar las aportaciones de Noyce, de Engelbart, de Alan Kay y de muchos otros en productos bastante fáciles de usar y de excelente diseño.

Engelbart murió hace poco más de un año, algún medio español le dedicó un pequeño rincón perdido en sus suplementos de tecnología: había fallecido el padre del “ratón”. Si Ada Lovelace fue la madre de todos los genios que crearon la red, él quizá fue el padre de todos los genios que inventaron en futuro. Nada casual que se le otorgara la británica Medalla Lovelace, o el Premio Turing, o que Clinton le diera el máximo galardón existente en los Estados Unidos para un tecnólogo.

 

 

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