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Ingeniería

Robert Noyce y los genios que inventaron Silicon Valley

13 noviembre, 2014 — by José Antonio Redondo Martín0

Robert Noyce en Fairchild Semiconductors
Robert Noyce en Fairchild Semiconductor

En 1955, William Shockley, uno de los padres del transistor, abandonaba los Laboratorios Bell para crear un laboratorio de semiconductores en Mountain View, 40 millas al sur de San Francisco; se había criado no muy lejos de allí, en Palo Alto. Las aplicaciones que abrieron los transistores eran innumerables y se necesitaban en cantidades industriales, era una cuestión con presente y con futuro y Shoclkey llamó a los que pensó que eran los mejores, jovenes con formación y talentos distintos, como el químico Gordon Moore o Robert Noyce, físico y matemático con un doctorado en el MIT.

Shockley tuvo el acierto de fichar a gente brillante, pero tal y como plantea Walter Isaacson en su libro Los innovadores, el londinense criado en California, que obtendría el Nobel en 1956 por sus aportaciones, estaba en realidad iniciando una fase intelectual bastante pobre, caracterizada por su obcecación y el maltrato a su equipo. Maniático de los tests de inteligencia y de personalidad, había examinado a todos sus colaboradores y creía entonces por los resultados que le habían dado que Noyce no tenía madera para ser jefe de nadie.

No tardarían en buscar otro norte sus mejores hombres: Julius Blank, Jean Hoerni, Gordon Moore, Victor Grinich, Eugene Kleiner, Jay Last, y Sheldon RobertsRobert Noyce inicialmente no estaba en el equipo, pero los inversores que se interesaron por el proyecto de esos siete veían que les faltaba alguien con hechuras de líder y cuando conocieron a Noyce vieron ese halo. Sherman Fairchild, se convertiría en el principal inversor de una empresa a la que daría nombre y que lideró el mercado de los circuitos integrados y que en poco más de una década daría origen a las empresas que acabarían popularizando los microchips: Intel y AMD. Este grupo pasaría a ser conocido con un nombre bastante poco simpático: “los ocho traidores”.

A Noyce le dedicó un estupendo artículo Tom Wolfe en Esquire: The Tinkerings of Robert Noyce. Era el año 1983 y le puso como subtítulo “cómo el sol salió en Silicon Valley”. Ahí nos cuenta como Noyce inventa el circuito integrado… sin saber que Jack Kilby , otro Premio Nobel, lo había patentado desde Dallas (Texas Instruments), unos seis meses antes. El método de Noyce para producir estos circuitos era más eficiente y menos costoso. Sabía que tenía una auténtica mina de oro, y en 1959 una operación financiera sobre Fairchild Semiconductor convertía a los ocho en acaudalados ejecutivos. Ese año ingresaron por esa operación 250.000 dólares cada uno, lo que no estaba nada mal si tenemos en cuenta que Noyce comenzó a trabajar con Shockley por 20.000 dólares al año.

La mina de oro en realidad se llamaba Noyce. Gracias a él Fairchild pasó de facturar unos pocos miles de dólares en sus inicios a más de 130 millones, alcanzando los 12.000 empleados. Su invento permitió aumentar de forma exponencial la potencia y posibilidades de uso de los ordenadores. Alrededor de Fairchild y de sus exempleados no paraban de generarse nuevas startups y se creó una auténtica industria global. Gracias a la tecnología del silicio habían contribuido a la tecnología que haría posible uno de los mayores hitos tecnológicos de la historia de la humanidad: el vuelo del Apollo 8.

Innovation is everything. When you’re on the forefront, you can see what the next innovation needs to be. When you’re behind, you have to spend your energy catching up. (Robert Noyce)

Fue aquel año, 1968 cuando Moore y Noyce decidían emprender una nueva aventura empresarial, de la mano de quien les ayudó en la operación que fundó Fairchild: Arthur Rock; él puso 500.000 dólares y ellos 250.000 cada uno, logró además rápidamente otros tres millones de otros inversores. En apenas dos años estaba en el mercado su primera criatura, el chip de memoria 1103. En 1971 se creaba en su seno otro invento de Nobel: el microprocesador: nacía el 4004.

La nueva empresa andaba ya en 1972 con una facturación de 23 millones de dólares, en 1973, en los albures de una gran crisis económica, estaba facturando el triple. Esta empresa recibió el nombre de Intel. Noyce tenía cuarenta y pocos años. No tuvo una vida muy larga, pero hizo lo suficiente para que muchos le bautizaran como “el alcalde de Silicon Valley”.

Isaacson retrata a Noyce en su juventud como un talentoso hombre del renacimiento: cantaba en un coro, pilotaba aeroplanos, buceaba. Tom Wolfe viene a decir que su encanto personal era tal que para quien se reunía con él no se sentía estar ante un jefe: Noyce era Gary Cooper. En ese microcosmos extraño que crearon todo era muy distinto a la obsesiva doctrina de Shockley, el pionero del Valle: Andy Grove, el número 3 de Intel se dedicaba a explicar los principios filosóficos de la empresa en sus seminarios utilizando el método socrático.

Noyce dirigió Intel hasta 1975, como CEO. En pleno boom de Internet la compañía que fundó Noyce facturaba cantidades inimaginables y sus microchips, cada vez más baratos, democratizaron definitivamente la informática. Las predicciones que había hecho en 1981 se habían hecho -casi- realidad:

En 1983, el año en que Tom Wolfe escribió aquel artículo, dos años después de aquellas predicciones,,, se había creado Internet y el primer teléfono móvil. Noyce fallecía en 1990, el año en que Tim Berners Lee  creó los fundamentos de la WWW.

  • Walter Isaacson es autor de Steve Jobs, la biografía del creador de Apple e impulsor de Pixar.

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