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Ingeniería

Nikola Tesla, Lux Aeterna

16 febrero, 2012 — by José Antonio Redondo Martín0

Dedicaba ayer mi primera reseña en Espacio de Libros a Relámpagos, la última novela de Jean Echenoz; un relato libre basado en la vida de Nikola Tesla.

En su día ya le había dedicado un post a otro libro, en este caso una biografía magnífica escrita por Margaret Cheney: Nikola Tesla. El genio al que robaron la luz.

Fue el hombre que cedió a Westinghouse por un precio de risa el inmenso valor de un conjunto de patentes que desarrollaban la corriente alterna, gracias a la cual funciona hasta el más nimio electrodoméstico de nuestro hogar, los semáforos de nuestras ciudades, el metro, las luces… En definitiva la ciudad moderna. Salió de la estela de Edison, para quien trabajó en Nueva York como un rayo fulgurante.

Este tipo de dos metros impresionaba por su puesta en escena, aunque también por todo lo que llevaba en la cabeza: el invento de la radio (robado por Marconi y devuelto a él post mortem por la Corte Suprema de EE.UU.), un alud creativo capaz de generar 700 patentes trabajando casi solo. Inventó la lámpara fluorescente, fue precursor del Radar, de los Rayos X, fijó principios para la transmisión de energía a distancia, guiado por el ideal de proporcionar electricidad gratuita a la humanidad.

Combinando una extraordinaria filantropía y con una habilidad extrema para introducirse en la alta sociedad neoyorkina fue a la vez un solitario, apenas influido por los demás, fue influyente como ningún otro en el ámbito de la ingeniería.

Probablemente merecedor de varios premios Nobel quedó “emparedado” a esos efectos entre Edison (que aprovechó su corriente alterna únicamente para inventar la silla eléctrica) y Marconi (uno de los más injustos e inmerecidos premiados).

Este video es un buen resumen de su trayectoria:

Si según el Génesis se atribuye a Dios la separación de la luz de las tinieblas, encontramos en Tesla un fenómeno opuesto, éste interesado muchísimo más por el aire o por las aguas aparece en algunos momentos como un trasunto de Zeus, dominando el trueno, el rayo o el relámpago.

Tesla retratado hacia su vejez por Echenoz como amigo de las aves y alejado del mundo. Extremo en sus aciertos y en sus errores, murió casi en la pobreza, en 1943.

En realidad no fue tan solitario, más allá de su propio genio fue amigo de otros talentos, uno de ellos Mark Twain, a quien conoció en el Player’s Club de Manhattan y quien le acompañó en numerosas visitas a su laboratorio, participando de demostraciones y experimentos. Además de estas reuniones mantuvieron un intercambio notable de correspondencia. Esta amistad no le puedo acompañar en la vejez puesto que Tesla fue bastante longevo; Twain ya había abandonado el mundo de los vivos en 1910. Quizá ahora, en el reino de Hades, estén jugando de nuevo a crear imágenes fantasmagóricas con la luz artificial.

«Antes que pasen muchas generaciones, nuestras máquinas serán impulsadas por un poder obtenido en cualquier punto del universo».

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