main

CienciaLibrosMúsicaPoesíaRedes SocialesSocial media

Libros de la semana: Banville, Strand, J.A.Gallego, Tammet

24 septiembre, 2012 — by José Antonio Redondo Martín0

Aprovecha uno las vacaciones para volver a leer algo más de lo que suele hacerlo últimamente. Los vuelos transoceánicos dan para mucho, a la vuelta uno se tropieza con más libros. Se sigue leyendo mientras la vida va y viene como los aviones de Skyteam o como las pequeñas tortugas que echaron mis hijos al Pacífico allá por Vallarta.

De ida en el aeropuerto de Ámsterdam me topé con Thinking in Numbers, de Daniel Tammet, con el subtítulo de “How Maths Illuminates our Lives” y recomendado por el Canal 4 de la BBC  conectaba bien con mi lado científico-friki, una colección de ensayos varios que conecta en su mayoría pasajes literarios con algunas cuestiones clave de las matemáticas y algunas simples curiosidades. Entretenido e interesante, aunque hay diversidad de calidad y de tono entre la colección de textos, por mucho que vayan unido en el tema de los números. Escribe bien e incluso habla de  Omar Jayyam, pero le habría quedado mejor quitando varios ensayos que no dicen gran cosa y dándole algo más de peso a la vida, que no sólo está ahí para que nos la iluminen los números. No sé si lo recomendaría en general, sólo para amantes de las curiosidades.

En la biblioteca de la familia política me topo con una cosa bastante mejor, muy buena, el Kepler, de John Banville, una edición de bolsillo de Edhasa cuyas páginas ya amarillean. Premiado por The Guardian a principios de los ochenta, se trata de una novela basada en la trayectoria vital de Johannes Kepler. El libro forma parte de la llamada tetralogía científica (Doctor CopérnicoKeplerLa carta de Newton y Mefisto), con la que este periodista y escritor alcanzaría una gran fama literaria que en los países de habla española no deja por el momento de ser discreta (si un día le cae el Nobel, como muchos están reclamando eso podría cambiar). El irlandés compone una obra ejemplar de ficción histórica, donde los conflictos religiosos de finales del XVI y los primeros pasos del método científico por parte de personajes como Galileo, Tycho Brahe y el propio Kepler asoman en un momento histórico que aúna los aspectos más oscuros de la vieja Europa con sus más grandes logros.

Cabe recordar la carambola histórica que reune a Tycho y Kepler en la Bohemia de principios del XVII. Kepler fue profesor de astronomía y matemáticas en la Universidad de Graz desde 1594 hasta 1600, cuando se convirtió en ayudante del astrónomo danés Tycho Brahe en su observatorio de Praga. Kepler llegó a Praga huyendo de la persecución religiosa de que era objeto en Graz. En Praga se reunió con Tycho, quien, muerto su protector y enemistado con la mayoría de los personajes más influyentes de Dinamarca, se vio obligado a dejar su país en 1597, trasladándose a Bohemia en 1599. Kepler se convirtió en uno de sus principales ayudantes. A la muerte de Brahe en 1601, Kepler asumió su cargo como matemático imperial y astrónomo de la corte del emperador Rodolfo II y, sobre todo, haciéndose cargo de todas sus valiosas observaciones. En esas observaciones había detalladas y cuidadosas tablas de la posición exacta de un planeta que ha sido la clave para entender nuestro Sistema Solar y probablemente lo sea aún para entender muchas cosas aún sin descubrir: Marte.

Kepler descubrió con sorpresa que las órbitas de Marte y de la Tierra no eran circulares como parecía deducirse del modelo copernicano. Dedujo al fin que las órbitas eran elípticas, con el Sol en uno de los focos de esas elipses, que Marte barría áreas iguales en periodos iguales y que para cualquier planeta, el cuadrado de su período orbital es directamente proporcional al cubo de la longitud del semieje mayor de su órbita elíptica. En definitiva obtuvo una solución matemática elegante y simple de la mecánica planetaria.

Kepler me llamó la atención en aquella época que echaron Cosmos, de Sagan por la tele. Si las referencias no mienten eso fue a finales de 1980. El capítulo en el que trata del científico Alemán y de Tycho Brahe es el tercero, titulado “La armonía de los mundos”. No sé si Banville la vería mientras trabajaba en esta magnífica novela, en todo caso su proyecto de tetralogía pareció cruzarse en el tiempo con el de Sagan.

El capítulo completo se puede ver aquí (es la versión extendida que se puede encontrar recientemente en DVD):

De alguna forma acabé aprendiendo esas leyes sencillas, de modo que allá por 1985, con apenas diecisiete años y las nociones más bien sencillas de física que había aprendido en el COU me dio por demostrarlas, por ahí hay una página a lápiz donde saco la segunda partiendo del principio de que la energía se conserva y la tercera a partir de la ley de gravitación de Newton. En su momento me pareció una machada y además es fascinante poder calcular la masa de algo tan gordo como los planetas a partir de ello. Lógicamente casi todo lo que se me podía ocurrir entonces ya lo había calculado Newton en sus Principia.

En fin, no es lo más interesante del libro de Banville la vida de Kepler, que lo es y mucho, sino lo bien que arma los personajes, los conflictos, las relaciones entre ellos y con su momento histórico. La obsesiva obsesión por Marte y por la armonía del sistema solar -que hoy sabemos que es un sistema caótico- le emparenta enormemente con Ray Bradbury, quien creía que en nuestro dominio cientifico-técnico del planeta vecino está la posibilidad de vivir para siempre. Creo que le habría gustado esta imagen de la Curiosity:

Ya en Madrid me topo con Comunidades Virtuales y Redes Sociales, regalo de su autor, José Antonio Gallego, ex Presidente de AERCO-PSM y persona de enorme experiencia en esa extraña y novedosa disciplina de la gestión de comunidades online y la comunicación a través de medios sociales. Es un libro breve escrito desde una perspectiva muy personal y muy pegado a las experiencias concretas que ha vivido y de las que ha sido testigo. Un libro ágil y bien escrito que me leí en su integridad en la pantalla del teléfono móvil, al mas puro estilo japonés. Una novedad recomendable que se presenta dentro de unos días en el IE y que ha sido el último libro que he tenido el gusto de reseñar para Espacio de Libros.

Posiblemente veáis muchos otros libros sobre redes, pero en ninguno como este veréis aunar World of Warcraft, eBay, Menéame y al BBVA. De José Antonio, que participó en la primera presentación de mi libro Socialnets con Ignacio Escolar y Manuel Fernández Cuesta, ya conocía su sentido del humor, su más que larga experiencia en estas lides y su capacidad de comunicación. Ahora me revela simultáneamente su lado más friki y sus aptitudes para escribir libros orientados al mundo profesional.

Desde luego un libro muy distinto a los dos anteriores, sin desperdicio y que se lee volando. Un libro que recomendaría no sólo a la gente que se dedica al marketing y a la comunicación, sino a cualquier directivo y propietario de pequeños negocios que quiera aproximarse a una nueva forma de entender las relaciones de su empresa y de la oportunidad que surge para las marcas de relacionarse con las comunidades virtuales.

 

Por último, me asomo a La Central de Madrid, la nueva librería que han abierto junto a Callao. Es una librería bastante animada, en un edificio de fachada estrecha interiormente lleno de escaleras y paredes a las que han sacado partido para hacer “facing” de los volúmenes con un peculiar “horror vacui”. Un pequeño bar en la planta baja y una sala mediana para hacer eventos completan su oferta. Un lugar muy “hipster” o gafapasta, como lo queráis llamar. Vuelta rápida para volver a casa, elijo como compañía a Mark Strand, poeta, el libro: Casi invisible, el típico libro negro y breve de la editorial Visor. Una edición bilingüe.

Se trata de poemas en prosa, que no llegan a media página. Posee esa escritura contenida, visual, compuesta casi de estampas en que se aúnan y se separan la contemplación y la vida, lo oscuro y lo luminoso.

Por su brevedad cabe trasladar aquí uno de esos pequeños textos.

El enigma de lo infinitesimal

Los has visto al anochecer, caminando por la orilla, los has visto de pie en los portales, asomados a las ventanas o a horcajadas sobre el borde lentamente movedizo de una sombra. Amantes de lo intermedio, no están ni aquí ni allí, ni adentro ni afuera. Pobres almas, las mueve el afán de experimentar lo imposible. Incluso de noche yacen en la cama con un ojo cerrado y otro abierto, esperando atrapar el último segundo de la vigilia y el primero del sueño, habitar esa tierra de nadie, ese hermoso lugar, contemplar, como sólo un dios pudiera, la luminosa conjunción de la nada y el todo.  (Trad. Julio Trujillo)
Como hay que cerrar el post nada mejor que este comienzo del Harmonielere de John Adams, que hace unos días nos recordaba David Torres a través de Facebook. No sé qué le parecería esta armonía a Kepler, pero creo que haría buena pareja con una película sobre Marte.

ArteLibrosMúsicaPoesía

Georges de la Tour

18 diciembre, 2010 — by José Antonio Redondo Martín0

Newlyborn infant (The Nativity?)

Le nouveau-né (v.1648)
Musée des Beaux-Arts de Rennes

Imagen vía Wikipedia

Pascal Quignard. Georges de la Tour. Editorial Pre-Textos; Páginas 108; Año 2010; ISBN-9788492913688.

Libro encontrado por casualidad trasteando en la librería gigante que tiene El Corte Inglés en Nuevos Ministerios. Un texto que me recuerda el Hopper de Mark Strand.

Aunque éste es más narrativo y está cargado de símbolos religiosos, La Tour es también un pintor del silencio, del tiempo detenido. Un pintor en este caso largo tiempo olvidado cuya peculiar mirada se destila y a la vez se explica en este extraordinario ensayo poético: “a través del silencio de la pintura las cosas comunes tratan de ser intensamente comunes” nos dice Quignard.

Es especialmente extremecedora la interpretación de este cuadro:

« Dans le Nouveau-né, la lumière de la chandelle est masquée derrière la main levée.

Elle hésite entre bénir ou protéger la flamme et se concentre sur l’énigme d’un minuscule homme ligoté de bandelettes, qui sera un jour un mort. Le bébé devient le foyer dont la clarté vient sculpter de sollicitude les deux visages des jeunes femmes qui sont penchées sur lui.

Chez La Tour, les dieux sont sans nimbes, les anges sont sans ailes, les fantômes sans ombre. On ne sait si c’est un enfant ou Jésus. Ou plutôt : tout enfant est Jésus. Toute femme qui se penche sur son nouveau-né est Marie qui veille un fils qui va mourir. »

[… En La Tour, los dioses no tienen nimbo, los ángeles no tienen alas, los fantasmas no tienen sombra. No se sabe si es sólo niño o Jesús. O dicho de otra forma: todo niño es Jesús. Toda mujer que se inclina sobre su recién nacido es María viendo a su hijo morir.]

En ocasiones el ensayo se transforma en poema, el poema en narración.

La muerte se condensa en un capítulo de sólo dos líneas:

“A principios de 1652, el 15 de enero, su mujer muere. El 22 muere su criado. El 30 muere él.”

Este curioso capítulo, encierra la maestría de la escritura de Stendhal. No se cierra ahí el libro, y descubrimos que fue precisamente el francés uno de los primeros en reivindicarlo.

El libro trata de la llama, de la muerte, de los niños, de las mujeres, de la música. El editor elige este extracto para presentar el texto: “El acontecimiento que llevó a Georges de La Tour a especializarse en noches parece haber coincidido con el incendio de Lunéville. En los alrededores de Lunéville, la guerra de los Treinta Años: la Lorena asolada por las tropas francesas, los castillos en llamas, las iglesias ultrajadas, los conventos saqueados, los cuadros quemados. El taller y las telas diurnas perecen entre las llamas. Este testimonio es de septiembre de 1638: ‘Entonces prendieron fuego a la villa y al castillo, durante una noche tan oscura que, con el resplandor y la luz del fuego, se podía leer en la pequeña cuesta que va de Lunéville a Einville’. De la noche hizo su reino.”

Libro esencialmente valioso, escrito en 1991, a la vez que Todas las mañanas del mundo, refleja la extraordinaria cultura musical de su autor, que relaciona sin dudar estas pinturas con las Lecciones de Tinieblas y las Lamentaciones de Jeremías.

Termina el texto de Quignard con las mismas velas y tinieblas que comienza.
“Esa “nada” es el corazón blanco de las llamas, al que no podemos acercar el rostro sin gritar de dolor. Es Dios.”

Quignard y Strand son como grandes islotes en este mar de tiempo líquido del que nos habla Zygmunt Bauman. Esta tarde llegué tardísimo a Madrid un poco zombi pasé por una librería de estas modernas en las que navegas en un mar de novelas insulsas. Uno se pregunta porqué se tiene que esperar 20 años a traducir un libro así que casi hay que econtrar como se encuentra una aguja en un pajar. A Bauman le otorgaron merecidamente el Príncipe de Asturias, a Strand, el Pulitzer, fue nombrado poeta laureado, a Quignard el Goncourt, el Premio de la Crítica. Somos ya tan aburridos que la lectura de tan “secretos autores” seguramente le convierte a quien lee estos textos en un subversivo críptico, como el Montag de 451.

Esta semana también se presentaron en Hotel Kafka los dos últimos libros que Demipage ha editado en su rescate de la obra del extraordinario poeta Félix Francisco Casanova, un joven prodigio canario muerto prematuramente.

¿Qué sellos editoriales hacen que podamos leer a estos autores? En este caso Pre-textos, Tusquets, Demipage. Hoy día hay unos escritores extraordinarios y unos editores magníficos, pero sus productos hay que rescatarlos de entre las montañas de “ladrillos” que contienen la misma creatividad que las estanterías de Ikea, donde probablemente acaben asentados.

El lunes habrá un nuevo ganador del II Premio Otras Voces, Otros Ámbitos. El año pasado uno de estos libros escondidos, Trabajos del Reino, de Yuri Herrera (Periférica), fue el libro que rescatamos entre Ámbito Cultural y Hotel Kafka, creo que sacó cuatro ediciones más, algo a lo que jamás habría llegado con las “reglas del mercado”.

¿Y tú, qué libro rescatarías?

Enhanced by Zemanta

biomorfismoLibrosPoesía

Mayo de los libros ¿y del biomorfismo?

3 junio, 2010 — by José Antonio Redondo Martín0

Estamos de Feria del Libro de Madrid y es una buena escusa para dejar unos breves trazos. Luego explico lo del biomorfismo.

Me paseé por la Feria este sábado, estaba a reventar de gente, como ocurre en el mundo del libro una extraña mezcla de todo, los típicos paseantes del Retiro, familias, gente que aprovecha para comprar el par de libros que lee al año, los que van a la búsqueda del famoso, los que van buscando ofertas gratis…

Por supuesto están también los actores de esta industria, editores, libreros y escritores normalmente dentro de las casetas donde se forman generalmente interesantes tertulias dado que la mayor parte de ellos no son ni famosos ni nórdicos… esta vez me topé con menos amigos que de costumbre, sí saludé brevemente a Jordi Doce, coordinador de poesia de Hotel Kafka, polifacético, como poeta, traductor y profesor, en todo ello excelente, que estaba en la caseta de la editorial Casariego, junto con el también polifacético Juan Carlos Mestre y de su editora Isabel Rodríguez Cachero.

En la feria hay varios puntos de excelencia, este era uno de ellos, el de los editores de Contexto otro, los libreros de Machado… En general demasiado masificado, por lo que la experiencia no es tan buena. Acabo al final como siempre visitando a los que ofrecen poesía, supongo que esto explica en parte la lista de libros adquiridos, y que esta vez no haya pedido firmas a nadie:

  • Sólo una canción, de Mark Strand, Editorial Pre-Textos. El libro está editado en 2004, tal y como va el mundo del libro casi es una especie prehistórica de inexplicable existencia en librerías. Impresionante escritor del que compro todo lo que vea. Selección y traducción de Eduardo Chirinos.
  • No vendrá el diluvio tras nosotros, de Joseph Brodsky, Galaxia Gutemberg / Círculo de lectores. Selección y traducción de Ricardo San Vicente. De Brodsky se puede hablar largo y tendido, indudablemente entre los mejores poetas de la Historia.
  • Shakespeare, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, editorial Nortesur. Traducción de Romana Baena Bradaschia.

Por alguna razón me tropecé con las ciencias de la vida. En primer lugar un libro cuyo título me intrigó: La vida en el espacio, la nueva ciencia de la astrobiología de Lucas John Mix (editorial Crítica) recién editado y que trata un tema al que me introdujeron mis profesores de Biofísica: Francisco Montero y Federico Moran. Los más interesantes de la facultad y además fans del Camarón. El autor del libro es un doctor en Biología por Harvard, pero en la vida real ejerce de sacerdote episcopaliano. El libro contiene información bastante actualizada en un relato interesante y denso aunque quizá algo desordenado.

Uno de los temas clave en la astrobiología y la bioquímica moderna es el asunto de la autoorganización, la aparente capacidad de los seres vivos y de algunos otros sistemas de generar complejidad a partir de elementos de cierta simplicidad. Aquí me topo con un autor que ya había transitado, Steven Johnson, el autor de La invención del aire una excelente biografía sobre Joseph Priestley otro “cura científico”, que descubrió entre otras cosas la capacidad para reemplazar el aire viciado (CO2) por aire respirable (O2). Éste otro libro, escrito con anterioridad se llama Sistemas emergentes, O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software, un portentoso ensayo en que relaciona formas de organización de la biología con las ciudades, los hongos, las hormigas o las neuronas. Relaciones que serían puramente poéticas de no ser por las teorías de Turing o Prigogyne y que apuntan en cierto modo a las teorías conectivistas y constructivistas del aprendizaje colectivo, a la generación de una especie de inteligencia colectiva. Y en general a las asombrosas ideas que la biología moderna aporta al resto de las ciencias.

La compra de este libro supone que mi señora esposa me califique como un “Sheldon”; Sheldon Cooper es el científico más neurótico de Big Bang Theory, éste tipo:

Para remachar el asunto del biomorfismo hoy en Innosfera habló Nicolás Boullosa, quien nos presenta ejemplos de ingeniería tradicional con biomorfismos: edificios que mantienen la temperatura del mismo modo que un termitero, poblados fractales, coches experimentales que se comportarían como vegetales…

Entremedias comemos con el escritor mexicano Yuri Herrera, que resultó ganador del premio organizado por Ámbito Cultural y Hotel Kafka y votado por 100 personas del mundo del libro (diez de diez “gremios”). Trabajos del Reino fue considerada la novela mejor entre las editadas en 2008. Esta especie de Goncourt a la española ha dado su resultado; llamada de atención y su reedición han sido un éxito. Yuri presentó hoy el libro en la feria y se llevó su estatuilla.

Este fin de semana tengo que terminar de una vez el libro que estoy escribiendo, con esta mezcla de cosas voy a tener una curiosa inspiración.

ArteLibros

Una tarde en Hotel Kafka: Pablo Casacuberta, Javi Azpeitia, Edward Hopper

7 marzo, 2010 — by José Antonio Redondo Martín0

El viernes presentamos Escipión, de Pablo Casacuberta en Hotel Kafka. Como Edu Vilas andaba por Donosti me tocó hacer de anfitrión. Durante la espera se nos cruzó la noticia de que en un artículo de Blanca BerasateguiEl lazarillo ya no es anónimo“. En él se indicaba que el verdadero autor de El lazarillo de Tormes, no era otro que don Diego Hurtado de Mendoza, a propósito de ello se anticipa a la publicación del libro de Mercedes Agulló en la editorial Calambur, donde contrasta con datos y documentos la fortaleza de esta hipótesis. Nos llaman entremedias de una TV autonómica para ver si podrían entrevistar a alguien en el Hotel respecto de esta noticia. Casualmente Xavi Azpeitia, que era quien hacía la presentación, había hecho un “remake” de El Lazarillo, con las plumas de los hermanos Martín y Nicolás Casariego, Marta Rivera de la Cruz, Marcos Giralt Torrente y Francisco Casavella. En fin, no pudo ser, la presentación era a la vez que la toma que querían hacer.

En cambio le preguntamos nosotros a Xavi, en principio asume el asunto con excepticismo, supongo que cuando el libro de Mercedes se pueda leer y el asunto se valide por más expertos se podrá afirmar que don Diego es el autor. De momento seguimos a la expectativa. En la acelerada Wikipedia alguien le había dado ya como el autor, hoy sólo se dice que existe esa hipótesis y que Mercedes Argulló la sostiene, lo que es bastante más correcto.

Aprovecho para mirar en nuestra librería y me topo con el Hopper de Mark Strand (Ed. Lumen, 2008). Un libro más que peculiar del que había leído algún fragmento, que contiene la écfrasis o descripción de 30 de las pinturas del genio de Nyatt. Los textos de Strand se articulan en tres ejes, la descripción formal del cuadro, su contenido narrativo y las sensaciones y reflexiones que en él producen. Siempre he pensado que trasladar al lenguaje escrito las artes visuales es una cuestión francamente difícil y que está llena de estrepitosos fracasos, baste leer los numerosos catálogos de exposiciones que todos los años se alumbran, o las con frecuencia abstrusas y difusas críticas de plástica. Éste es por el contrario un libro extraordinario, que nos habla de ventanas, de estampas de una extrema sencillez, de triángulos, de trapecios, de direcciones, de la posición del observador, del cuadro en relación a otros cuadros. En sus palabras:

Los cuadros de Hopper  transcienden el mero parecido con la realidad de una época y transportan al espectador a un espacio virtual en el que la influencia de los sentimientos y la disposición de entregarse a ellos predominan. Mi lectura de ese espacio es el tema de este libro.

Habitación en Nueva York. E.Hopper, 1932

Uno de estos originales cuadros es Habitación en Nueva York. Como tantos otros, presenta en la escena una ventana que como señala Strand, se encierra una vez más entre un conjunto de trapezoides, que en su particular lenguaje visual vienen a ser el símbolo de la melancolía. Aquí es patente la influencia de los pintores holandeses, en especial de la mirada de Vermeer, pero también del “nocturno” Rembrandt, cuya impresionante obra maestra Ronda de Noche tanto impacto a Hopper. Dice el pintor: “The idea was in my mind a long time before I painted it. It was suggested by glimpses of lighted interiors seen as I walked along city streets at night, probably near the district where I live (Washington Square) although it’s no particular street or house but is really a synthesis of many impressions.” A ese propósito sintético añade Updike que la escena mantiene elementos de tensión interna en ese aparente “momento muerto de nuestras vidas”, en lo que podría ser el inicio de una narración. Strand nos habla del distanciamiento calmo y de la tristeza, ¿están realmente calmos?, se pregunta el poeta.

En esta hermosa edición ilustrada encontramos a un Strand magistral, que no en vano era ya un traductor literario excepcional. Un auténtico hallazgo en ese lugar con ventanas a la calle que es Hotel Kafka, donde en varias ocasiones nos ha acompañado también Muñoz Molina, que también fijó una de sus obras en las neoyorquinas ventanas de Hopper.

Una vez acabada la presentación hubo la típica tertulia múltiple y desparramada que suele ocurrir en el Hotel junto con los vinos y los sandwiches. Por ahí andaba Casacuberta charlando con el escritor colombiano Juan Sebastián Cárdenas, con quien el día anterior había presentado el mismo libro, Excipión, en Casa de América. Diríase que andaba ayer el espíritu de Strand por el Hotel, pues no sólo se había hecho de noche y algún observador quizá nos viera a través de las ventanas. Juan andaba un tanto desconcertado del positivismo un tanto radical de Casacuberta, éste decía que en realidad su visión literaria sólo era peculiar porque además del lenguaje literario utiliza la descripción de hechos, de materiales, en resumidas cuentas de lo que se percibe y de lo que se toca. Habló de una idea que ya había sacado en la presentación, que querría tomar el espíritu de una obra extraordinaria y “copiarlo” en su propia obra. Entonces le comenté que en una época comencé a llevar  mis críticas literarias hacia ese terreno, no tanto al plano de la información periodística y el formato más o menos habitual sino a tratar de trasladar las sensaciones, el ritmo o las metáforas principales de cada obra. Algo que como él mismo recordó se ha hecho por parte de estupendos críticos de cine.

La charla continuó más allá del Hotel, pero yo agotado de la semana me retiré. Antes de irme me fijé que Pablo había dejado un libro con imágenes de su obra plástica en la mesa. De algún modo aquella tarde habían circulado por ahí los fantasmas de Hopper y de Kafka y algunos ecos de Shakespeare, La Celestina y el Lazarillo.

Quien vive solo, y sin embargo desea de vez en cuando vincularse a algo; quien, considerando los medios del día, del tiempo, del estado de sus negocios y demás, anhela de pronto ver un brazo al cual pudiese aferrarse, no está en condiciones de vivir mucho tiempo sin una ventana a la calle. Y si le place no desear nada, y sólo se acerca a la ventana como un nombre cansado cuya mirada oscila entre el público y el cielo, y no quiere mirar hacia afuera, y ha echado la cabeza un poco hacia atrás, sin embargo, a pesar de todo esto, los caballos de abajo terminarán por arrastrarlo en su caravana de coches y su tumulto, conduciéndolo finalmente a la armonía humana. ”
(Franz Kafka, La ventana a la calle)

En el vídeo Pablo Casacuberta y Juan Sebastián Cárdenas en Casa de América:

Los libros:

Hopper. Mark Strand. Traducción de J. A. Montiel. Lumen. Barcelona, 2008. 115 páginas, 14’,50 euros.
Escipión. Pablo Casacuberta. 451 Editores. 2010. 302 páginas, 19,50 euros. ISBN: 978-84-96822-63-4