Ya es medianoche (crítica de La Torre, de WB Yeats)

(artículo publicado originalmente en El Crítico, en 2004)

W.B. Yeats:La Torre .
Editorial DVD. Barcelona, 2004. 163 páginas. Traducción de Carlos Jiménez Arribas.

El Más Allá de los irlandeses se localizaba antiguamente en lugares variables pues cada dios tenía su propio sídh, su mundo sobrenatural; se podía acceder a ellos en barco a través del mar, a través de un lago o por las cuevas. El de Yeats se encontraba bajo el monte de Irlanda que marcó su infancia; hacia el final de sus días, en la travesía por Francia en la que habría de morir, Yeats escribió el poema-epitafio Bajo Ben Bulben, donde expresa su deseo de ser enterrado allí y cuyos versos finales dicen:

“Lanza una fría mirada
a la vida, a la muerte
Jinete, sigue de largo”.

Imagen que remite al Caballero de la Rama Roja del Ciclo del Ulster o a los heraldos de la muerte del rey Conaire, tres jinetes rojos sobre caballos rojos, símbolo de la sangre y de la muerte. El Jinete Rojo es también la revista donde firmaba sus artículos Liútov, un corresponsal de guerra de la Sexta División de caballería del ejército rojo; éste periodista en realidad era Isaak Bábel, autor de la Caballería Roja, libro que finaliza prácticamente igual que el poema de Yeats:

“Alzándose sobre la silla, mirando a todos los lados, entre silbidos Súrovtsev husmeaba la dirección correcta y, tras atraparla con el olfato, se agachó y salió al galope.” (El Beso, 1937)

En la madrugada del 7 de enero de 1939, tres semanas antes de morir, Yeats contaba a su mujer que había tenido un sueño sobre Cuchulain, el Caballero de la Rama Roja: éste, herido de muerte, conversa con unos espíritus y les dice que los que han sobrevivido a la guerra son los cobardes o quienes han sabido esconderse a tiempo. Cuchulain el sanguinario héroe irlandés se enfrentó de forma irracional a la muerte “luchando contra la invulnerable marea” (dice Yeats en uno de sus poemas de juventud) o como explica su leyenda, atándose a sí mismo a un árbol para permanecer erguido incluso después de perder la vida.

La Torre es algo más que la obra cumbre de Yeats, es uno de esos libros de poemas que podrían considerarse entre los mejores jamás escritos. En efecto, aunque contiene en cierto modo toda su poesía anterior, la materia poética de la que está hecha La Torre es de una naturaleza superior a aquella que le había supuesto la fama y que le condujo hasta el Premio Nóbel en 1923. En este sentido, y teniendo en cuenta que el libro se escribe en una época especialmente exitosa del autor (era también Senador de la joven Irlanda), llama muchísimo la atención la mirada descarnada sobre su persona y sobre su propia escritura:

Un hombre viejo es sólo una piltrafa,
un harapiento abrigo sobre un palo,
si el alma no da palmas y no canta
por cada harapo en su mortal vestido,
ni escuela hay para el canto sino estudio
de su monumental magnificencia;
por eso he navegado hasta llegar
a la ciudad sagrada de Bizancio.

La reflexión política que hubo de realizar en aquel tiempo está sin duda en poemas de largo aliento como Reflexiones en tiempo de guerra civilMil novecientos diecinueve. Volviendo a la imagen que da título al libro, son unas torres las que marcan nuestro tiempo: “Was this the face that launched a thousand ships, / And burnt the topless towers of Illium?” dice Marlowe en su Dr. Faustus, y más allá de esto, los hechos del violentísimo principio de siglo que nos está tocando vivir resignifican uno de los poemas de menor extensión entre los que componen La Torre, Leda y el Cisne, de forma radical.

El poeta irlandés nos muestra como mortales impotentes ante el dictado de la Historia; es ante el sufrimiento máximo, ante el cual no podemos actuar y ante el que nos sentimos sobrepasados donde surge la belleza, que según Yeats nacía, precisamente, bajo el incendio de las torres de Illium. Y es que en aquella época Yeats y otros políticos de su tiempo pensaban –y no sin razón- que una amenaza grave se cernía sobre Europa; fue este el sentido original del poema, cuyo significado político quedó en cierto modo escondido bajo la imagen erótica de la relación entre el mundo de los vivos y los muertos, del surgimiento de la belleza de entre la violencia.

Volviendo a nuestro tiempo, Telma Souley comenzó un artículo (publicado por la Agencia Lacaniana de Prensa) sobre el 11 de septiembre de este modo: “La violación mitológica relatada por Yeats parecía una metáfora anticipada del atentado: las alas del cisne y las alas del avión, los muslos de Leda y las Torres Gemelas.”

Pero el contenido político es sólo como una muñeca rusa descubierta dentro de otra. Los temas más yeatsianos como la edad, el amor, la muerte, la belleza están dentro de toda su poesía, y alcanzan una fusión perfecta en la relación del mundo de los vivos con el de los muertos que traspasa a la práctica totalidad de los poemas que componen La Torre, que no en vano termina con el poema tituladoNoche de Difuntos.

Ya es medianoche, y la campana grande de Christ Church
Y otras campanas más pequeñas suenan en el cuarto;
Y es noche de difuntos,
Y dos estilizadas copas rebosando moscatel
Están sobre la mesa. ¿Acudirá un espíritu?;
Pues es derecho de un espíritu,
Tan delicado es su elemento
Que ha sido agudizado por su muerte,
Beber el hálito del vino
Mientras nuestro grosero paladar bebe del propio vino.

El sentido que imprime Yeats a esta relación rompe con la separación tradicional entre ambos mundos, acercándose de nuevo mucho más a la mitología celta, a aspectos como la transmigración de las almas, y de forma muy especial a la fiesta de Samhaim, donde tanto los humanos como los espíritus pueden penetrar en el espacio de los otros “Un noviembre tranquilo. Domingo en los campos. / Un reflejo estancado en aguas estancadas. / Mas flujos invisibles claramente circulan” (Wallace Stevens, Ideas de Orden).

Esta relación había sido abordada, también de forma magistral por el propio Joyce en Dublineses (1914) que al igual que La Torre finaliza con el relato Los Muertosdonde la presencia del espíritu entre los vivos llena todo el espacio literario, dotándolo de la misma belleza dolorosa que poseen Leda y el Cisne. En lo que se refiere a los poetas de su tiempo, es inevitable hablar de Ezra Pound, el autor de losCantos que comienzan al igual que la Torre, navegando: “Y entonces descendimos a la nave / pusimos rumbo a las olas, nos deslizamos en el mar divino / e izamos el mástil y la vela sobre la nave oscura”. Pound fue secretario del Yeats y mentor posteriormente tanto de T.S. Eliot como del propio Joyce. En La Tierra Baldía (1922) vuelve a encontrarse una imagen poética cercana a las que dan vida a La Torre, salvo que en este caso el viejo Senador, al igual que hiciera Ransom, el personaje de El Hombre que Mató a Liberty Balance quien declaraba delante del ataúd de Tom Donnington: “El viaje es puramente personal”, vuelve también a su juventud, al paisaje dominado por el monte Ben Bulben:

Nunca tuve
yo más apasionado y más fantástico
poder de imaginar, ni un ojo y un oído
que más tuviera anhelo de imposible
– No, ni en la niñez cuando con caña y mosca,
o sólo con una lombriz, subía a lomos de Ben Bulben
con todo el día de estío por delante.

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