A este lado del paraíso (crítica de Marca de Agua, de Joseph Brodsky)

Dice el autor de Marca de Agua en uno de sus poemas “Nací y crecí en las marismas del Báltico, frente / a las olas color de zinc, que de dos en dos vienen siempre. / De ahí, todas las rimas, de ahí, la voz tan mustia, / que cual húmedo cabello entre las olas ondula, / si es que ondula. Apoyado en el brazo, el caracol del oído / distinguir en ellas no logra ningún ruido / que no sea lienzo al viento, aplauso, golpe de postigo, / cafetera hirviendo o, a lo más, de gaviota el grito.” Es comparable –según Mandelstam- la fluidez de las mareas a la estrofa en la que Villon confía su alma a la Trinidad de la Santísima Virgen y nueve legiones de ángeles, un proceso escrito en las bóvedas doradas de las catedrales. Hay un lugar en el mundo donde confluye la arquitectura sagrada y las mareas: Venecia.

Sabemos que la marca de agua es una imagen formada por las diferencias de espesor en una hoja de papel, se le dice “de agua” porque el papel ha de estar húmedo en el momento en que se presiona con un rodillo mallado de curioso nombre: “Dandy”, que contiene el relieve que se quiere dejar marcado; pero también es la señal que indica el nivel más alto alcanzado por un río o por el mar, y que en el caso de la laguna veneciana es señalada por los restos de humedad sobre las paredes de casas y palacios. Es pues imagen de la memoria y del tiempo “busco una nube o la cresta de una ola que rompa a medianoche sobre la orilla. Esto es, para mí, tiempo que emerge del agua, y me quedo mirando el encaje que deposita en la orilla, no para interpretarlo como los adivinos, sino con un sentimiento de ternura y gratitud.”

Marca de Agua refleja a partir de múltiples estampas el viaje ritual que cada invierno hacía el poeta a la ciudad del león alado. Es precisamente en las tardes de esa época del año cuando el mar, llevado por un viento del este contrario, llena todos los canales hasta el borde como si fueran bañeras, desbordándolos a veces. “Acqua alta”, proclama la radio y entonces caminan los locales con sus botas de goma mientras el peregrino deja secar sus zapatos sobre los radiadores de su hotel. Las iglesias permanecen abiertas y sacerdotes y parroquianos caminan sin sorpresa sobre las aguas. El emblema de San Marcos, el evangelista, aparece erguido y omnipresente.

El visitante escucha, es también la ciudad de la música, aquí fue bautizado Antonio Vivaldi, aquí yace el petersburgués Stravinsky. El agua es igual al tiempo y proporciona un doble a la belleza. Al rozar el agua, Venecia mejora la imagen del tiempo, embellece su futuro, porque mientras nosotros nos movemos la ciudad es estática. “Tesoro estable, templo de Minerva, / quietud masiva y visible reserva;” que es también el Cementerio Marino de Valery: “Cuando sobre el abismo un sol reposa, / trabajos puros de una eterna causa, / el Tiempo riela y es Sueño la ciencia.”. No es extraño pues que el cementerio de San Michele guarde ahora también la lápida del poeta: Joseph Brodsky (San Petersburgo, 1940 – Nueva York, 1996) el más notable sucesor de la estirpe de escritores nacidos a la orilla del Neva.

Ajmatova le había predicho un glorioso destino (logró el Nobel en 1987) y una vida dura (condenado primero al exilio interno y posteriormente deportado de la URSS, alejado para siempre de aquellas aguas heladas, maltratado por los sanguinarios guardianes de un sueño de la razón, quienes terminarían muchos años atrás –nadie sabe ni cómo ni dónde- con Mandelstam, también con Villon).

“Hace muchas lunas, el dólar estaba a 870 liras y yo tenía treinta y dos años. También el globo, que contaba con mil millones de almas menos, era entonces más ligero, y la cantina de la stazione a la que había llegado aquella fría noche de diciembre estaba vacía.” – comienza el libro en su primera visita a la ciudad del agua, justo cuando inicia su exilio.

Hallamos también en Venecia la imagen de la memoria, en el invierno frío y blanco, en el olor de algas heladas. Resuenan en sus palabras los ecos de Los Cuatro Cuartetos de Eliot: “Por la ola que se hincha allá en el fondo, / Mide el tiempo, no nuestro tiempo / Sino un tiempo más antiguo / Que el tiempo de los cronómetros, más antiguo / Que el tiempo medido por las mujeres que en su angustia y su insomnio”

El reflejo es una propiedad de las sustancias líquidas, somos sinónimos parciales del agua, que a su vez es sinónimo total del tiempo, como Venecia lo es de San Petersburgo; uno es veneciano por definición, ya que fuera de allí, en su equivalente del Mediterráneo, del Atlántico o del Báltico, el tiempo teje nuestros reflejos. Reflejos como esta imagen proléptica que encontramos en Marca de Agua: “En un determinado momento, salimos de la laguna y pusimos rumbo hacia la isla de los muertos, hacia San Michele. La luna, extraordinariamente alta, como una t afilada que hubiera sido cruzada por la firma de una nube, apenas era visible sobre la sábana del agua, y el movimiento lento de la góndola era totalmente silencioso”.

La plaza de San Marcos es invadida por el Rey Niebla, porque Joseph Brodsky está ya dormido, y como en cada invierno véneto todo duerme a su lado: “Duermen los ríos, montes, bosques. / Duermen las bestias, las aves, el mundo vivo y no vivo. / Sólo la blanca nieve vuela desde los cielos nocturnos. / Pero también ahí duermen, por encima de todos.” Y fundidas están el agua, el tiempo, la belleza, la ciudad y la lágrima.

Cubierta de Marca de Agua

Joseph Brodsky
Marca de Agua
Ed. Siruela. Madrid, 2005.
Traducción de Menchu Gutiérrez
92 páginas. 13,90 euros.

2 comments

  • gissela

    24 abril, 2012 at 11:27 pm

    esta muy lindo lo que hicieron los felicito

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  • Diego Moldes

    20 enero, 2014 at 4:34 pm

    Hola Tito,

    felicidades por este artículo. Me ha encantado. Dan ganas de leer de nuevo a Brodsky. Confieso, no obstante, que siempre he sido escéptico con las traducciones de poesía (desde que leí de niño ediciones bilingües de Poe, Dylan Thomas o Pessoa) y más en el caso de lenguas eslavas.

    Sin embargo, aunque dichas traducciones sean siempre una recreación poética, son siempre bienvenidas.

    La crítica está muy bien escrita y demuestra tu amor por los libros. Mi enhorabuena y mi aplauso

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