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Poesía

Los maniquíes de Munich

14 Enero, 2010 — by José Antonio Redondo Martín0

Sylvia Plath escribió sus últimos poemas bajo una peculiar familiaridad con la muerte, desde un extraño espacio desde el que han escrito también Unica Zürn o Sadeq Hedayat. Bajo la evidente influencia de la metafísica de de Chirico, y como en aquél el poema Los maniquíes de Munich presenta estas artificiales e impersonales estatuas fuera de su contexto, desconectadas de la vida y envueltas por el silencio.

Threatening mannequins
Threatening mannequins (not actual Kenmore mannequin) fotografía de Photo Monkey

Al contrario que los androides, que los autómatas o que los míticos Nexus 6 de Blade Runner, los maniquíes de escaparate carecen de movimiento y cuando su opaca blancura se percibe en la noche se convierte en el símbolo de todas las ausencias.  Dice Lacan dice que el lenguaje es siempre acerca de pérdida o ausencia; la capacidad del símbolo comienza cuando con apenas 18 meses de edad tomamos conciencia de la otredad y del abandono.

Como la energía oscura del vacío que postulan los astrofísicos modernos y que paradójicamente impulsa la evolución del universo es lo inefable la sustancia última de la poesía y la muerte uno de sus símbolos.

Siempre que surgen los maniquíes en el arte me es inevitable recordar una canción y una película. La canción es ‘Fiesta de los maniquíes’ (Golpes Bajos), donde intervenía entre otros Pablo Novoa, que por esas curiosidades de la vida conocí hace poco, ya que se incorporó al claustro de Hotel Kafka como profesor del curso de composición, armonía y arreglos. La película es Blade Runner y en concreto cuando Pris conoce a JF Sebastian.

A continuación el poema de  Sylvia Plath, en traducción de Wilfredo Carrizales.

Los maniquíes de Munich

La perfección es terrible, no puede tener niños.
El frío como el aliento de nieve, ataca el útero.

Donde los árboles de tejo bufan como hidras,
El árbol de la vida y el árbol de la vida

Desatan sus lunas, mes tras mes, sin propósito.
La inundación de sangre es la inundación de amor,

El absoluto sacrificio.
Significa: no más ídolos para mí,

Yo y tú.
Así, en su amabilidad azufrada, en sus sonrisas

Estos maniquíes se reclinan esta noche
En Munich, depósito de cadáveres entre París y Roma,

Desnudos y raídos en sus pieles,
Colgajos naranja sobre estacas plateadas,

Intolerables, sin mente.
Las pizcas de nieve, sus pedazos de oscuridad,

Nadie en torno. En los hoteles
Las manos estarán abriendo puertas y quitándose

Los zapatos para un pulimento de carbón
Dentro de los cuales anchos dedos del pie vendrán mañana.

¡Oh! La domesticidad de estas ventanas,
El encaje para niño de pecho, las confituras de hojas verdes,

Los corpulentos alemanes durmiendo en su insondable Stolz.
Y los negros teléfonos sobre ganchos

Relucientes
Relucientes y digeribles

Mutismo. La nieve no tiene voz.

28 de enero, 1963

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