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Johannes Kepler, pionero de la ciencia ficción y de la astronomía

30 Mayo, 2015 — by José Antonio Redondo Martín0

El astrónomo germano Johannes Kepler (Weil der Stadt, 1571 – Ratisbona, 1630) ha pasado a la historia por formular tres leyes que establecían por primera vez la forma, proporción y armonía verdaderas de los movimientos planetarios. Tres leyes que darían origen, mucho tiempo después a la Ley de la Gravitación Universal del que posiblemente sea, junto con Einstein, el mayor físico de la historia: Isaac Newton, quien la formula y explica en Principios matemáticos de la Filosofía natural.

Kepler había sido introducido a la astronomía en el seno de su decadente familia. Su padre era mercenario; su madre, una curandera. De niño observó en 1577 un cometa, y en 1580 un eclipse de luna. A los 17 años comenzó a estudiar en la Universidad de Tubinga; conducía su carrera para ser ministro luterano, pero el contacto con su maestro Michael Maestlin le abrió de nuevo el interés por la astronomía, y la necesidad le hizo convertirse en profesor de matemáticas en Graz. Su precariedad económica también le hizo celebrar un primer matrimonio que fue de conveniencia: fue con Barbara Müller, cuya familia describe John Banville como bastante odiosa. Banville comenzó su biografía de Kepler,  un libro que recomiendo y que recibió dos premios en 1981, inspirándose en Sonámbulos, de Arthur Koestler un libro magníficamente escrito que recorre la historia de la cosmología desde los presocráticos hasta Newton.

Duracotus camina sobre la luna que imaginó Kepler. Ilustración de  de Román García Mora.
Duracotus camina sobre la luna que imaginó Kepler en Somnium, la primera obra de ciencia ficción de la historia. Ilustración de Román García Mora (2015, ed. 120 pies).

Las turbulencias religiosas de centroeuropa acaban desplazándole a la meca cultural de la zona, la Praga de Rodolfo II, el desquiciado sobrino de nuestro Felipe II, en cuya corte el germano encaja a la perfección por su perfil intelectual. Llega en enero de 1600  y allí trabaja con el danés Tycho Brahe, que durante años había hecho un trabajo muy metódico para establecer las posiciones exactas de los planetas en cada momento. El alemán tenía entonces 29 años y el danés 53. Le encargaron trabajar en el problema de la órbita de Marte y el orgulloso joven apostó a que lo resolvería en ocho días, aunque tardó ocho años. A la muerte de Brahe, sucedida apenas año y medio después, Johannes se convirtió en su sucesor a todos los efectos, es decir fue convertido en matemático imperial, lo que en aquel tiempo no era un puesto puramente científico ya que incluía hacer predicciones astrológicas, cosa en la que tenía bastante experiencia Kepler.

Entre 1601 y 1612 está bajo la protección y mando de aquel gran mecenas de la época, que también acogía a dos grandes pintores: Arcimboldo y Bartholomeus Spranger. No fue un período precisamente apacible para Praga, las tensiones políticas y los problemas mentales de Rodolfo acaban con la destitución del monarca en 1608.

Fue en 1602 cuando accede por fin a los datos de Tycho Brahe y se empeña con tesón en demostrar que aquellos datos correspondían con los movimientos circulares de los planetas que había predicho Copérnico… pero había un problema, aquello no cuadraba. Probó otras formas geométricas cerradas, los óvalos, pero también era imposible. Al fin, probó con las elipses. Aquella era la verdadera forma de la “armonía de las esferas” y en uno de los focos de las elipses estaba el Sol. Kepler enterraba los errores de la astronomía clásica y medieval e introducía por primera vez a la astronomía en el territorio de la ciencia.

“El libro de la naturaleza esperó 1500 años a que alguien lo leyera” Carl Sagan (Cosmos)

Las conclusiones de aquel trabajo de años fueron publicadas en su libro Astronomia Nova, en 1609, e incluía otras dos leyes, una que decía que en tiempos iguales la línea que unía la Tierra al Sol barría ángulos que recorrían la elipse cubriendo superficies de idéntica magnitud; otra que decía que el cuadrado de los períodos de órbita era proporcional al cubo de la distancia al Sol.

Esta última Ley, importantísima, permitía predecir el movimiento de todos los planetas a partir de una posición dada, y finalmente fue la base de la más famosa ley de Newton. ¿Le inspiró la manzana? No, fue Kepler. Aquellas predicciones, que podían hacerse, las emprendió él mismo, publicando finalmente las Tabulae Rudolphine. Su teoría fue confirmada punto por punto con el tránsito de Venus en 1931. Esto completaba un ciclo de trabajo que ejemplifica a la perfección lo que luego se ha llamado el “método científico”.

Otro de sus grandes éxitos como astrónomo fue la observación por primera vez de una supernova en nuestra galaxia, la SN 1604, por primera vez y por última, ya que ha sido la única supernova observada por ahora en esta zona del Universo a la que pertenecemos.

SN 1604 los restos de la Supernova de Kepler
SN 1604, fotografía compuesta de los restos de la Supernova Kepler. Creada con las imágenes del Chandra, el Hubble y el Spizer.

A la sencilla segunda Ley llegó tras un tortuoso camino plagado de errores, a la primera dando tumbos como un sonámbulo. Era un genio como ha habido pocos, en Astronomia Nova nos cuenta detalladamente todos sus errores para indicarnos finalmente cómo los corrige. Su obra tardó bastante tiempo en ser asumida y comprendida en el continente europeo, pero no ocurrió lo mismo en Inglaterra, donde sí fue entendida por individuos como Thomas Harriot (matemático y preceptor de Sir Walter Raileigh), el viajero Edmund Bruce, el reverendo John Donne, Jeremiah Horrocks (un joven genio de la astronomía) y finalmente, Newton.

Pero Kepler no era un científico como los que hemos visto del siglo XVIII para acá; al igual que Newton tenía un enorme interés por la teología y por las cuestiones más esotéricas; tampoco contaba con un cuerpo de conocimiento científico consolidado; en aquel entonces se daba por cierto que había de existir el Éter, entre otras teorías extrañas y a la postre indemostrables por ser totalmente falsas. La lectura de sus libros nos introduce en esa maraña de deslumbrantes aciertos, de confusas afirmaciones y de reflexiones acerca de cuestiones sin una respuesta cierta.

Su última obra, Somnium sive Astronomia lunaris Joannis Kepleri, publicada en 1634 después de su muerte y escrita en latín, es un ejemplo de esto, pero encierra una gran sorpresa: es una obra de ficción, en la que Duracotus, un joven islandes que aprende danés del mismísimo Tycho Brahe, y que después realiza un viaje onírico a la Luna gracias a un conjuro de su madre, Fiolxhilda, aprovechando un eclipse lunar. Este libro fue calificado por Carl Sagan como la primera obra de ciencia ficción de la historia; un aspecto que despertó el interés de las editoras de 120 pies editores por el libro que decidieron incorporar Somnium como una de las primeras obras de su catálogo, totalmente digital, pero acompañado de un valor añadido: las ilustraciones a color de Román García Mora (Ciempozuelos, 1982), formado como biólogo y uno de los mejores ilustradores científicos de nuestro país, una profesión tan valiosa como perfectamente desconocida. Basta ver su portfolio para ver la asombrosa calidad de su trabajo.

120 pies logotipo

Vale que Sagan diga que es el primer libro de ciencia ficción ¿pero merece la pena leerlo? Los libros más famosos de ciencia publicados por Kepler tienen una escritura barroca, cuentan detalles que nos son irrelevantes y resultan tan interesantes como exasperantes de leer. Había recibido de Ángela Medina el enlace a sus primeras páginas; Somnium comienza así:

En el año 1608 se produjo una ardiente disputa entre el emperador Rodolfo II y su hermano, el archiduque Matías, que recordó a muchos a viejos acontecimientos de la historia de Bohemia. Animado por el gran interés de la comunidad, empecé a leer sobre la región y descubrí la figura de la heroína Libuse, conocida por sus mágicas habilidades. Una noche, tras haber estado observando la Luna y las estrellas, me metí en la cama y caí en un profundo sueño. En él leía un cuento de hadas que decía así…
Mi nombre es Duracotus y mi país es Islandia, conocido como Thule por sus ancestros. Mi madre se llamaba Fiolxhilde y su reciente muerte me ha liberado para escribir, como siempre deseé.

Así que decidí comprarlo el día de la presentación de la editorial en Hotel Kafka y seguir leyéndolo. Aparte de escribir bien a uno le sorprende que un hombre conocido por ser matemático y astrónomo maneje bien todos los recursos que utiiza: frases de construcción y extensión variada, una presentación en primera persona que da paso a un narrador enmarcado que nos conduce a una narración a caballo de lo onírico y de descripciones cargadas de la precisión propia de un científico. Es un texto bastante breve. La edición para ebook, sencillamente excepcional, el libro electrónico mejor presentado que he visto hasta la fecha, con excelente maquetación y unas ilustraciones a color magníficas.

A diferencia de otros libros especulativos de la época, como aquel otro magnífico en el que Galileo describe la Forma, tamaño y lugar del Infierno de Dante, Somnium presenta hechos y perspectivas muy reales, por ejemplo, se nos indica que las mareas no sólo están influidas por la atracción de la Luna, sino también por la del Sol. Para el la mecánica celeste había dejado de ser algo propio de la divinidad y se asemejaba más bien a las ruedas y mecanismos de un reloj, una perspectiva que también está presente en el libro.

Apolo VIII, fotografía de la Tierra tomada desde la superficie de la Luna
Apolo VIII, fotografía de la Tierra tomada desde una órbita muy cercana a la superficie de la Luna. Nochebuena de 1968. Era una misión tripulada, por primera vez alguien contemplaba nuestro planeta desde el hemisferio de Privolva. Fue titulada earthrise, lo que contemplaban en ese momento: el amanecer de la Tierra.

Creo que este libro podría hacer las delicias de un escritor como Walter Isaacson, tan fascinado por ese territorio en el que convergen la cultura y la tecnología. Un libro que sólo se encuentra en el espacio digital, complementado por un trabajo artístico de calidad y que contiene el primer relato de ciencia ficción de la historia. Quizá sólo falte que se animen a editar una versión en Inglés; en el enorme mercado digital que hay en ese idioma estoy seguro de que Duracotus y Fiolxhilde tendrían mucho que decir.

  • El libro inicia la colección Revivals y se complementa con la publicación de la obra de ficción inédita del Miguel Ángel González con nuestro blanco satélite como protagonista: La luna de Armstrong y Kubrick.
  • La madre de Kepler, que inspira el personaje femenino de su novela, fue acusada de brujería en 1615; su hijo, tras pasar seis años escribiendo alegatos de defensa, consiguió que saliera de su prisión en 1621, ya muy anciana moriría pocos meses después.
  • Fueron años duros para Kepler, en el ocaso de la corte de Rodolfo, se le dejaron a deber importantes cantidades de dinero, que nadie resarció. En 1630, fallecía en Ratisbona (Baviera). Su tumba fue destruida durante la guerra de los 30 años y sus escritos desaparecieron durante siglo y medio. Había comenzado una nueva era de oscuridad, aunque no en Inglaterra, donde 12 años después del fallecimiento de Kepler nacía Isaac Newton.
  • Los planetas siguieron girando tras su muerte, durante un siglo no hubo otra forma mejor de saber donde iban a estar que Tabulae Rudolphine. La perfección de estas leyes junto con la que las engloba, la Ley de la Gravitación, permiten no sólo predecir la posición de los planetas, sino también deducir la masa de cualquiera de ellos a partir de la de la Tierra.
  • Tycho Brahe y sus ayudantes suponían que las órbitas debían ser circulares, la de Marte es la más elíptica de todas y esa es la razón por la que todos ellos fracasaron y acabaron asignándole el problema a Kepler. Lo que acabó descubriendo no era nada intuitivo; primero que el Sol no estaba en el centro de la órbita de la Tierra, segundo, que ni esa órbita, ni las demás eran circulares. Además detectó que no estaban en el mismo plano sino que -según describe Koestler- tenían una pequeña desviación, como las páginas de un libro mal cerrado, por último que los planetas aceleraban su velocidad al acercarse al Sol. Todas las suposiciones que hacía las iba contrastando con los datos de Tycho Brahe de forma tozuda. Cuando ya se acercaba a la solución el matemático Kepler escribió “Físicos, aguzad el oído pues ahora vamos a invadir vuestro territorio”.
  • La primera obra de ficción en establecer un viaje a la Luna y hablar de los selenitas fue mucho más antigua; se llama Historia Verdadera, y la escribió en griego Luciano de Samosata en el siglo II. Luciano fue coetáneo del emperador de origen hispano Marco Aurelio, “el filósofo”. Algunos autores califican esta obra como el primer texto de ciencia ficción, no es una clasificación muy consistente puesto que en aquel entonces la única ciencia existente era la matemática y esta brilla por su ausencia en el genial texto de Luciano, sin embargo si es el germen de un tipo de literatura y narrativa que se convirtió en muy popular en el siglo XX, alcanzando cotas de fanatismo tras la exhibición de las películas de Star Wars y Star Trek, entre otras. Entre Luciano y Kepler sólo un par de autores se atrevieron a visitar también la Luna, primero tras Luciano fue Dante y lo hizo de la mano de su Beatrice en La Divina Comedia; luego le siguió Ariosto en Orlando Furioso (1517), ahí lograba llegar por el buen hacer de un hipogrifo, y hallaba todo aquello que perdíamos en la Tierra. La Luna fue visitada en el mismo siglo en que Kepler escribió Somnium por otro escritor: Cyrano de Bergerac en una genial novela llamada El otro mundo, historia cómica de los estados e imperios de la Luna, un texto que no dudaba en alabar el gran Italo Calvino.
  • Levania es el nombre que toma la Luna para sus habitantes en la novela de Kepler, mientras que nuestro planeta se llama Volva, la cara oculta de la Luna donde sus habitantes no pueden ver la Tierra se llama Subvolva. Más allá del mero entretenimiento el libro trata de divulgar de una forma didáctica y con objetivos propagandistas, el punto de vista de los astrónomos copernicanos.
  • 120 Pies Editores es un proyecto creado por dos antiguas alumnas de Hotel Kafka, las escritoras Ángela Medina y Lourdes Castro, expertas también en Publicidad y Comunicación, respectivamente. 120 pies fue la distancia que recorrió el primer vuelo de los hermanos Wright (36 metros), este balbuceante inicio de la aviación fue el pequeño primer paso que necesitaba la humanidad para que no mucho tiempo después se hicieran posibles los viajes en avión.

Ficha técnica:

– Kepler, Johannes; ilustrador: García Mora, Román. Somnium [eBook] Madrid: 120 pies editores, 2015. ISBN  epub: 978-8494392429; ISBN mobi: 978-8494392436. 3,99 €.

Bibliografía citada

– Bergerac, Cyrano de, El otro mundo: Historia cósmica de los estados e imperios de la Luna; Historia cósmica de los estados e imperios del Sol, traducciones de Luis Zapata y Carlos Bonfil, edición, prólogo y notas de Marc Cheymol, México, Dirección General de Publicaciones del Conaculta, 1992, 1a. reimpresión, 2001, 232 pp., ISBN 978-9682940427.

– Banville, John, Kepler, traducción de Horacio González Trejo, Barcelona, Edhasa, 2004, colección ‘Pocket Edhasa‘, 89. 1ª imp. de 09/2004 en Español. ISBN 978-8435015899.

– Galilei, Galileo, Forma,  tamaño y lugar del Infierno de Dante, , traducción de Ariadna Arrieta Murguía, México, Editorial Verdehalago, 2006, 62 pp., ISBN 978-9689103141.

– Koestler, Arthur, traducción de Alberto Luis Bixio, Los sonámbulos, origen y desarrollo de la cosmología, México, , Dirección General de Publicaciones del Conaculta,  México 1981. 531 pp. , Edición 1, ISBN 978-968-8250-75-8.

Newton, Isaac, Principios matemáticos de la Filosofía natural [Philosophiae Naturalis Principia Mathematica], traducción, prólogo y anotaciones de Eloy Garcia Rada, Madrid, Alianza Editorial, 2011, colección ‘Libros singulares’. 728 pp., ISBN 978-8420651927.

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