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Libros

Thomas-Alexandre Dumas, El Conde Negro

12 Septiembre, 2015 — by José Antonio Redondo Martín0

Llego a este curioso libro al que Anagrama ha puesto el subtítulo de “Gloria, revolución, traición y el verdadero conde de Montecristo” siguiendo una recomendación de Fernando Rodríguez Lafuente, director de ABC Cultural. Un ensayo biográfico, ganador del Pulitzer, sobre el padre del creador de Los tres mosqueteros que en realidad no es una biografía como tal sino un texto bastiante poliédrico articulado en tres ejes: el histórico donde la vida de “Alex” Dumas nos hace atravesar la Francia monárquica del siglo XVIII y su actividad colonial en Santo Domingo (Haití), la Francia revolucionaria y la Francia napoleónica; el ensayo social donde vemos la Francia de los esclavos, de los nobles, de los políticos, de los militares, y el ensayo que apunta al origen de dos de los escritores más famosos del XIX: Alexandre Dumas y Alexandre Dumas hijo, el romántico autor de La Dama de las Camelias y de algunas de sus obras.

Alex Dumas, el "conde negro", general de división del ejército Francés y padre del escritor Alejandro Dumas
Alex Dumas, el “conde negro”, general de división del ejército Francés y padre del escritor Alejandro Dumas

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Johannes Kepler, pionero de la ciencia ficción y de la astronomía

30 Mayo, 2015 — by José Antonio Redondo Martín0

El astrónomo germano Johannes Kepler (Weil der Stadt, 1571 – Ratisbona, 1630) ha pasado a la historia por formular tres leyes que establecían por primera vez la forma, proporción y armonía verdaderas de los movimientos planetarios. Tres leyes que darían origen, mucho tiempo después a la Ley de la Gravitación Universal del que posiblemente sea, junto con Einstein, el mayor físico de la historia: Isaac Newton, quien la formula y explica en Principios matemáticos de la Filosofía natural.

Kepler había sido introducido a la astronomía en el seno de su decadente familia. Su padre era mercenario; su madre, una curandera. De niño observó en 1577 un cometa, y en 1580 un eclipse de luna. A los 17 años comenzó a estudiar en la Universidad de Tubinga; conducía su carrera para ser ministro luterano, pero el contacto con su maestro Michael Maestlin le abrió de nuevo el interés por la astronomía, y la necesidad le hizo convertirse en profesor de matemáticas en Graz. Su precariedad económica también le hizo celebrar un primer matrimonio que fue de conveniencia: fue con Barbara Müller, cuya familia describe John Banville como bastante odiosa. Banville comenzó su biografía de Kepler,  un libro que recomiendo y que recibió dos premios en 1981, inspirándose en Sonámbulos, de Arthur Koestler un libro magníficamente escrito que recorre la historia de la cosmología desde los presocráticos hasta Newton.

Duracotus camina sobre la luna que imaginó Kepler. Ilustración de  de Román García Mora.

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La madre de todos los genios de la Red

25 Noviembre, 2014 — by José Antonio Redondo Martín0

Acabo de terminar la lectura del último libro de Walter Isaacson, un periodista, centrado como autor literario en el género biográfico, de quien ya reseñé en su día su libro Einstein: su vida y su universo (Ámbito Cultural), la biografía más completa del cientifico publicada hasta la fecha y posteriormente su Steve Jobs, una colosal biografía de un personaje absolutamente inusual, que dio origen a la empresa más valiosa del mundo, Apple, y que también impulsó hasta la estratosfera a la empresa de entretenimiento más genial del panorama cinematográfico reciente: Pixar, una aventura que le convertiría en el mayor accionista individual de Disney.

Los innovadores es el título de su último ensayo, un relato coral en un libro extenso en el que repasa la multitud de geeks, hackers y genios que condujeron creando distintas máquinas, programas, conceptos, protocolos de comunicación, dispositivos e interfaces a algo aparentemente tan sencillo de manejar como Google. También le he dedicado una reseña, esta vez en el blog de libros de El Corte Inglés en el que colaboro desde hace un par de años.

Libros

Manuel Fernández Cuesta, mi editor

10 Julio, 2013 — by José Antonio Redondo Martín2

Conocí a Manuel hace siete años, en la reunión fundacional de Hotel Kafka. Era entonces editor de Debate, sello del grupo Random House Mondadori, acababa de publicar un libro genial de Rafael Reig, el Manual de literatura para caníbales. Ejemplo pluscuamperfecto de literatura postmoderna y de ese género centauro que es el ensayo, con una perfecta mezcla en su coctelera de novela, historia de la literatura, manual didáctico y ejercicio crítico.

Hoy se pregunta Eduardo dónde se ha escondido siendo tan grande http://www.hotelkafka.com/content/fallece-manuel-fernandez-cuesta . Lo era sin duda por envergadura y por sus enormes conocimientos sobre libros, sobre escritores, sobre política, sobre actualidad. Mitad periodista, mitad editor, e incluso mitad político era un auténtico motor que hacía que todos los que nos encontrábamos a su alrededor buscáramos algo más por hacer.

En una de esas decidió que publicaría mi libro sobre redes sociales, que a la postre se llamó Socialnets. Seguramente no habría llegado a buen puerto sin sus consejos, y sin su insistencia. Luego lo apoyó enormemente. Un buen día lo presentó en compañía de Ignacio Escolar y José Antonio Gallego. En esta foto andamos los tres (José Antonio, mi tocayo se uniría poco después a nosotros). Con el tiempo Manuel se convertiría en un peculiar tuitero, con el que se podía charlar sobre Bach o sobre Robespierre o del que se podían leer fascinantes artículos sobre nuestra historia política más reciente.

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Libros de la semana: Banville, Strand, J.A.Gallego, Tammet

24 Septiembre, 2012 — by José Antonio Redondo Martín0

Aprovecha uno las vacaciones para volver a leer algo más de lo que suele hacerlo últimamente. Los vuelos transoceánicos dan para mucho, a la vuelta uno se tropieza con más libros. Se sigue leyendo mientras la vida va y viene como los aviones de Skyteam o como las pequeñas tortugas que echaron mis hijos al Pacífico allá por Vallarta.

De ida en el aeropuerto de Ámsterdam me topé con Thinking in Numbers, de Daniel Tammet, con el subtítulo de “How Maths Illuminates our Lives” y recomendado por el Canal 4 de la BBC  conectaba bien con mi lado científico-friki, una colección de ensayos varios que conecta en su mayoría pasajes literarios con algunas cuestiones clave de las matemáticas y algunas simples curiosidades. Entretenido e interesante, aunque hay diversidad de calidad y de tono entre la colección de textos, por mucho que vayan unido en el tema de los números. Escribe bien e incluso habla de  Omar Jayyam, pero le habría quedado mejor quitando varios ensayos que no dicen gran cosa y dándole algo más de peso a la vida, que no sólo está ahí para que nos la iluminen los números. No sé si lo recomendaría en general, sólo para amantes de las curiosidades.

Kepler, de John BanvilleEn la biblioteca de la familia política me topo con una cosa bastante mejor, muy buena, el Kepler, de John Banville, una edición de bolsillo de Edhasa cuyas páginas ya amarillean. Premiado por The Guardian a principios de los ochenta, se trata de una novela basada en la trayectoria vital de Johannes Kepler. El libro forma parte de la llamada tetralogía científica (Doctor CopérnicoKeplerLa carta de Newton y Mefisto), con la que este periodista y escritor alcanzaría una gran fama literaria que en los países de habla española no deja por el momento de ser discreta (si un día le cae el Nobel, como muchos están reclamando eso podría cambiar). El irlandés compone una obra ejemplar de ficción histórica, donde los conflictos religiosos de finales del XVI y los primeros pasos del método científico por parte de personajes como Galileo, Tycho Brahe y el propio Kepler asoman en un momento histórico que aúna los aspectos más oscuros de la vieja Europa con sus más grandes logros.

Cabe recordar la carambola histórica que reune a Tycho y Kepler en la Bohemia de principios del XVII. Kepler fue profesor de astronomía y matemáticas en la Universidad de Graz desde 1594 hasta 1600, cuando se convirtió en ayudante del astrónomo danés Tycho Brahe en su observatorio de Praga. Kepler llegó a Praga huyendo de la persecución religiosa de que era objeto en Graz. En Praga se reunió con Tycho, quien, muerto su protector y enemistado con la mayoría de los personajes más influyentes de Dinamarca, se vio obligado a dejar su país en 1597, trasladándose a Bohemia en 1599. Kepler se convirtió en uno de sus principales ayudantes. A la muerte de Brahe en 1601, Kepler asumió su cargo como matemático imperial y astrónomo de la corte del emperador Rodolfo II y, sobre todo, haciéndose cargo de todas sus valiosas observaciones. En esas observaciones había detalladas y cuidadosas tablas de la posición exacta de un planeta que ha sido la clave para entender nuestro Sistema Solar y probablemente lo sea aún para entender muchas cosas aún sin descubrir: Marte.

Kepler descubrió con sorpresa que las órbitas de Marte y de la Tierra no eran circulares como parecía deducirse del modelo copernicano. Dedujo al fin que las órbitas eran elípticas, con el Sol en uno de los focos de esas elipses, que Marte barría áreas iguales en periodos iguales y que para cualquier planeta, el cuadrado de su período orbital es directamente proporcional al cubo de la longitud del semieje mayor de su órbita elíptica. En definitiva obtuvo una solución matemática elegante y simple de la mecánica planetaria.

Kepler me llamó la atención en aquella época que echaron Cosmos, de Sagan por la tele. Si las referencias no mienten eso fue a finales de 1980. El capítulo en el que trata del científico Alemán y de Tycho Brahe es el tercero, titulado “La armonía de los mundos”. No sé si Banville la vería mientras trabajaba en esta magnífica novela, en todo caso su proyecto de tetralogía pareció cruzarse en el tiempo con el de Sagan.

El capítulo completo se puede ver aquí (es la versión extendida que se puede encontrar recientemente en DVD):

De alguna forma acabé aprendiendo esas leyes sencillas, de modo que allá por 1985, con apenas diecisiete años y las nociones más bien sencillas de física que había aprendido en el COU me dio por demostrarlas, por ahí hay una página a lápiz donde saco la segunda partiendo del principio de que la energía se conserva y la tercera a partir de la ley de gravitación de Newton. En su momento me pareció una machada y además es fascinante poder calcular la masa de algo tan gordo como los planetas a partir de ello. Lógicamente casi todo lo que se me podía ocurrir entonces ya lo había calculado Newton en sus Principia.

En fin, no es lo más interesante del libro de Banville la vida de Kepler, que lo es y mucho, sino lo bien que arma los personajes, los conflictos, las relaciones entre ellos y con su momento histórico. La obsesiva obsesión por Marte y por la armonía del sistema solar -que hoy sabemos que es un sistema caótico- le emparenta enormemente con Ray Bradbury, quien creía que en nuestro dominio cientifico-técnico del planeta vecino está la posibilidad de vivir para siempre. Creo que le habría gustado esta imagen de la Curiosity:

Comunidades virtuales y redes socialesYa en Madrid me topo con Comunidades Virtuales y Redes Sociales, regalo de su autor, José Antonio Gallego, ex Presidente de AERCO-PSM y persona de enorme experiencia en esa extraña y novedosa disciplina de la gestión de comunidades online y la comunicación a través de medios sociales. Es un libro breve escrito desde una perspectiva muy personal y muy pegado a las experiencias concretas que ha vivido y de las que ha sido testigo. Un libro ágil y bien escrito que me leí en su integridad en la pantalla del teléfono móvil, al mas puro estilo japonés. Una novedad recomendable que se presenta dentro de unos días en el IE y que ha sido el último libro que he tenido el gusto de reseñar para Espacio de Libros.

Posiblemente veáis muchos otros libros sobre redes, pero en ninguno como este veréis aunar World of Warcraft, eBay, Menéame y al BBVA. De José Antonio, que participó en la primera presentación de mi libro Socialnets con Ignacio Escolar y Manuel Fernández Cuesta, ya conocía su sentido del humor, su más que larga experiencia en estas lides y su capacidad de comunicación. Ahora me revela simultáneamente su lado más friki y sus aptitudes para escribir libros orientados al mundo profesional.

Desde luego un libro muy distinto a los dos anteriores, sin desperdicio y que se lee volando. Un libro que recomendaría no sólo a la gente que se dedica al marketing y a la comunicación, sino a cualquier directivo y propietario de pequeños negocios que quiera aproximarse a una nueva forma de entender las relaciones de su empresa y de la oportunidad que surge para las marcas de relacionarse con las comunidades virtuales.

 

Casi invisiblePor último, me asomo a La Central de Madrid, la nueva librería que han abierto junto a Callao. Es una librería bastante animada, en un edificio de fachada estrecha interiormente lleno de escaleras y paredes a las que han sacado partido para hacer “facing” de los volúmenes con un peculiar “horror vacui”. Un pequeño bar en la planta baja y una sala mediana para hacer eventos completan su oferta. Un lugar muy “hipster” o gafapasta, como lo queráis llamar. Vuelta rápida para volver a casa, elijo como compañía a Mark Strand, poeta, el libro: Casi invisible, el típico libro negro y breve de la editorial Visor. Una edición bilingüe.

Se trata de poemas en prosa, que no llegan a media página. Posee esa escritura contenida, visual, compuesta casi de estampas en que se aúnan y se separan la contemplación y la vida, lo oscuro y lo luminoso.

Por su brevedad cabe trasladar aquí uno de esos pequeños textos.

El enigma de lo infinitesimal

Los has visto al anochecer, caminando por la orilla, los has visto de pie en los portales, asomados a las ventanas o a horcajadas sobre el borde lentamente movedizo de una sombra. Amantes de lo intermedio, no están ni aquí ni allí, ni adentro ni afuera. Pobres almas, las mueve el afán de experimentar lo imposible. Incluso de noche yacen en la cama con un ojo cerrado y otro abierto, esperando atrapar el último segundo de la vigilia y el primero del sueño, habitar esa tierra de nadie, ese hermoso lugar, contemplar, como sólo un dios pudiera, la luminosa conjunción de la nada y el todo.  (Trad. Julio Trujillo)
Como hay que cerrar el post nada mejor que este comienzo del Harmonielere de John Adams, que hace unos días nos recordaba David Torres a través de Facebook. No sé qué le parecería esta armonía a Kepler, pero creo que haría buena pareja con una película sobre Marte.